Un ejemplo de libertad de expresión

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Luis Miguel Cano López

Ciudad de México (apro).- Si se me ocurriera proclamar que “la transformación, soy Yo”, y partir de esta declaración le exigiera a mi familia su apoyo incondicional en todo lo que decidiera cambiar; si lo mismo hiciera entre mis círculos de amistades y también demandara el respaldo de toda la gente con la que conviviera; lo primero que sucedería es que me llamarían desubicado, quizá buscarían ayudarme, pero a la larga les dejaría de importar y me quedaría en soledad con mi soberbia para acompañarme.

Afortunadamente no tengo tal pretensión, y aunque la tuviera, sería por completo intrascendente porque soy un simple particular. Problema sería que ostentara un cargo de la máxima relevancia pública y con el aparato gubernamental tras de mí, me comportara de la misma manera. Si cada mañana llamara a la gente a seguirme o hacerse a un lado, si ante cada cuestionamiento que me causara desagrado mi respuesta habitual fuera una descalificación sin mayor argumento, entonces tendría que buscarse una solución para afianzar la libertad de expresión.

Seguro algunas voces querrían defender que tengo derecho a expresarme y que mis opiniones son tan valiosas como las de cualquiera, pero la verdad sea dicha, no coincidiría con su postura. Lo que sigue lo dedico a fundamentar mi oposición.

Aplico la caricatura que acabo de inventarme a lo que sucede con el presidente de la República. Le he escuchado una y otra vez declarar que hay respeto, pero que tiene derecho de réplica. Si un medio lo cuestiona no es inusual que la respuesta sea un calificativo. Normalmente no sería tema para este espacio pero ni modo que no reaccione cuando afirma que Proceso no se ha portado bien, que quienes hicieron el mejor periodismo tomaron partido y que es cómodo no comprometerse con el cambio, sólo informar, y más, sugerir que la línea editorial es conservadora.

En mi cabeza no hay lugar para este comportamiento. No me ocupo en criticar que una persona tenga tan alta estima por sí que predique que el cambio es ella sin siquiera resultados que le respalden; ni que desdeñe lo que muchas más han hecho para contribuir al inacabado cambio de este país, entre ellas la gente de Proceso; pero de lo que sí me ocupo es de la materia a la que me dedico, porque en cuanto tal proceder se mide por su respeto a la libertad de expresión, reprueba.

Los derechos humanos tienen por titulares a las personas y comunidades, pero no al gobierno. El gobierno no es titular de derechos humanos; tiene atribuciones, tiene competencias y facultades, que al final, son más deberes que potestades, y que siempre deben tener por guía, fin y rasero, el respeto y garantía de derechos.

Proceso y cada medio de comunicación tienen libertad de opinión, de expresión y derecho a informar. Ninguno, ni uno solo de esos medios pueden ser molestados a causa de sus opiniones. Nadie que ejerza el periodismo puede recibir molestias por sus opiniones –artículos 19 de la Declaración Universal de Derechos Humanos y del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos–. En contrapartida, la presión directa o indirecta sobre cualquier expresión debe estar prohibida por ley. Lo mismo la creación de obstáculos al libre flujo informativo. El empleo del poder y recursos estatales con el objetivo de presionar y castigar, o premiar y privilegiar a los medios en función de sus líneas informativas, atenta contra la libre expresión y deben estar prohibidos –Principios sobre la Libertad de Expresión, cinco y trece–.

El derecho de las personas a no ser molestadas por sus opiniones no autoriza excepción ni restricción alguna. El acoso, la intimidación o la estigmatización de las personas (y los medios) en razón de sus opiniones, provocan la violación de los aludidos artículos 19. Es más, los gobiernos deben garantizar la independencia y la libertad editorial –párrafos 9 y 16 de la Observación General 34 del Comité de Derechos Humanos de la ONU sobre libertad de opinión y libertad de expresión–.

Cierto que el presidente puede beneficiarse de esas libertades, pero no al grado que piensa. No si con ello estigmatiza, aunque sea solo con motes como “fifís” o “conservadores”. Y tampoco puede ejercer de esa manera su derecho de réplica, porque éste en ningún caso podrá comprender juicios de valor u opiniones, ni usarse para realizar ataques a terceras personas –artículo 13 de la Ley Reglamentaria en materia del Derecho de Réplica–. Por eso mi mejor y más franca sugerencia es que siga el digno ejemplo del periodismo sin concesiones de Proceso más seguido, para que aprenda de libertad de expresión, y mientras eso acontece, contrate y le haga caso a alguien que sepa algo de derechos humanos.

Noticias/Diario Tribuna Chiapas/2019

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